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La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, acusó hoy a la activista defensora de la dictadura militar, Cecilia Pando, de "apología del delito" por los agravios que ayer dirigió contra el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y evaluó como "muy conveniente" la derogación del Código de Justicia Militar, concretada en el Senado. Sobre la derogación del Código de Justicia Militar que sancionó ayer el Senado y que obliga a los miembros de las Fuerzas Armadas a someterse a la justicia ordinaria, Carlotto consideró "un avance muy importante después de 25 años de mandatarios elegidos democráticamente". En declaraciones a Télam, la titular de Abuelas consideró que "todas las medidas de gobiernos no constitucionales deben ser revisadas y puestas en el contexto de una democracia del siglo XXI" y celebró que con la derogación quede también anulada la pena de muerte que establecía el Código. Consultada sobre los agravios que recibió el secretario de Derechos Humanos ayer en Corrientes durante el juicio contra cinco represores por violaciones a los derechos humanos por parte de Pando, Carlotto calificó a la activista como una "persona peligrosa" y pidió a la justicia que "actúe como corresponde". "O está demente (Pando) y debe ser internada o debe ser llevada a los tribunales por apología del delito", dijo Carlotto sobre la conducta de Pando cuando gritaba y amenazaba a Duhalde con el gesto de pasarlo a degüello. Carlotto pidió que la activista defensora del terrorismo de Estado "no tenga privilegios" y se quejó al apuntar que "si esa actitud la tiene un joven integrante de una organización de derechos humanos lo detienen". "Espero que la justicia tome medidas porque no se puede dejar pasar como si nada a una persona que representa a otros en una asociación que se formó defendiendo a los militares", expresó al aludir a la pertenencia de Pando en la agrupación Unión de Promociones.

Por Gabriel Puricelli *En 26 años de elecciones democráticas, nunca un presidente boliviano tuvo que hacerse elegir dos veces. Un ejercicio contrafáctico plausible indica, asimismo, que –de haberse visto en esa situación– ninguno hubiera logrado sobrevivir a un referendo revocatorio, ya que los bajos porcentajes obtenidos al ser electos los hubieran transformado en un blanco sencillísimo. Desde ese punto de vista, la ratificación de Evo Morales es una proeza histórica, aun si los números finales no indicaran, como lo hace el conteo rápido, que el porcentaje alcanzado lo aproxima a una mayoría de dos tercios de los votantes. En una región acostumbrada, a lo largo de dos décadas de normalidad electoral, a que los desafíos de gobernar se devoren el apoyo popular a los presidentes (en especial cuando promedia su mandato), el líder boliviano se destaca con un brillo propio.
Someter su mandato a ratificación fue una opción audaz y autónoma del gobierno del MAS, aunque (y sin que esto signifique paradoja alguna) se puede decir también que se vio obligado a demostrar por segunda vez la legitimidad de éste, frente a una oposición que se ve a sí misma (y en buena medida lo es) como un régimen depuesto destinado a ser restaurado, y no como un futuro gobierno potencial, como debería ser si tuvieran alguna forma de adhesión al ideal democrático.
Combinado con la revocación del mandato de un ex y posible futuro candidato a la presidencia, como Manfred Reyes Villa en Cochabamba, el saldo a favor del MAS y sus aliados es ampliamente positivo. No habría más que decir (no existe otra instancia a la que apelar, en democracia, que no sea el veredicto del soberano), si no fuera porque esa lealtad democrática está ausente en muchos líderes de la oposición, incluidos algunos de los prefectos también ratificados ayer. Ello implica que la ventaja decisiva, pero coyuntural, que el gobierno doblemente legítimo de Bolivia tiene desde ayer, deba ser aprovechada en un plazo brevísimo para cerrar el proceso constituyente y para poder dedicarse a las tareas de reivindicación social de las mayorías y de desarrollo económico que sólo han sido alcanzadas de manera incipiente.
El resultado de los referendos debería obligar también a los vecinos de Bolivia (en particular a Brasil, pero también a Chile y Argentina) a hacer todo lo mucho que están en condiciones de hacer para ayudar a que un gobierno tan plenamente soberano como el de Morales pueda terminar de deshacer el nudo del atraso, que también puede identificarse bajo los nombres del despegue energético y del fin de la mediterraneidad.
* Cocoordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas.
