Quiénes somos; qué pensamos

Un grupo de compañeros no docentes pensamos que pasados ya 10 años de la creación de la Universidad Nacional de Villa María es hora de que nuestra representación sea canalizada de manera seria, responsable y eficiente.Creemos que nos esperan arduas tareas y nos lanzamos a afrontarlas plenos de determinación, de fe en la capacidad y decisión de los compañeros, de confianza en el seguro éxito de nuestro trabajo. Esperamos que a partir de nuestra gestión ya no haya sacrificios vanos, esfuerzos desperdiciados, esperanzas frustradas. Sabemos por qué y cómo peleamos, contamos con las herramientas básicas que necesitamos, sólo nos resta afilarlas, mejorarlas incesantemente y ser cada día más hábiles en su empleo.Pensamos que un gremio no es ni nunca más debe ser una entidad en la cual algunos logran beneficios personales contra el malestar de muchos. Nos genera repulsión la consabida historia de los dirigentes ricos y las bases trabajadoras luchando por sobrevivir. Estamos convencidos de que es posible una representación genuina de nuestros intereses como sector y de los intereses de la comunidad universitaria en cuanto participamos del gobierno de ésta y a ello nos abocaremos con la mayor predisposición y empeño. Nuestras acciones se encontrarán orientadas a la defensa de las tres cuestiones que consideramos básicas y fundamentales: los derechos de los trabajadores; la igualdad de oportunidades; y por un país justo y solidario.

miércoles, 30 de julio de 2008

Aguanten Compañeros!

Solidaridad con los Compañeros que estan luchando en Córdoba para defender los derechos de miles de trabajadores.

No Docentes por el Cambio en APUViM

domingo, 27 de julio de 2008

Cuanta fuerza tenía... y tiene aun...



¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan facil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba.
Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor.

Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón।

Fito Páez.

(Le robamos a Manolo la idea de esta letra, que es inmejorable)

“La Presidenta argumenta frente a una sociedad que prefiere gestos”

Pagina 12

Como parte del espacio político Carta Abierta, María Pía López –ensayista, socióloga, docente universitaria– aportó en los últimos meses la capacidad de nombrar la complejidad del conflicto con el agro más allá de sus intereses y protagonistas inmediatos y mediáticos. Aquí vuelve a poner palabras sobre el día después al abrupto fin del proyecto oficial en el Senado.


El espacio de Carta Abierta, que reúne a cientos de intelectuales y artistas, ha sido en los últimos meses una de las principales usinas de términos y de interpretaciones sobre el conflicto entre el Gobierno y el campo. Sobre todo, intentando nombrar la complejidad de las dinámicas en juego, más allá de sus referentes inmediatos y mediáticos. María Pía López, ensayista, docente universitaria e integrante de Carta Abierta, escribió tras la derrota del proyecto oficial en el Senado un texto titulado “Dolor” en el que analizaba el desenlace de la disputa como el triunfo de una extendida “subjetividad de derecha”. Embanderada en el “individualismo económico” y en una “concepción racista” de la vida en común, esa subjetividad dio voz a un “catecismo de circulación masiva”, argumentó López. En esta entrevista con Las12, lleva su análisis a las formas de comunicación que adoptó el conflicto, los lenguajes con que se llamó a la movilización y, también, al modo en que es percibida la retórica presidencial.
Hablás de una sensibilidad de derecha que queda a la vista tras el conflicto. ¿Cómo logró expresarse y tener influencia masiva? ¿Es puramente mediática?

—Me parece que lo que se activó en los últimos meses fue un tipo de sensibilidad social, heredera de las más profundas transformaciones del país. Un tipo de sensibilidad que se organiza en función de la ruptura de lazos comunitarios y de la desazón y desconfianza frente a la política y frente a todo lo que no tenga una explicación basada en el interés económico directo. Eso no lo crearon los medios, sino los modos sociales de vida, pero los medios masivos de comunicación despliegan sus técnicas de montaje y edición de contenidos de modo de ensalzar esa subjetividad como única legítima. Lo hacen con una fuerza enorme. Retoman el sentido común y lo convierten en objeto de afirmación plena: dicen lo que la “gente” piensa pero proveyendo a la “gente” de imágenes poderosas para ratificar esa subjetividad. La situación es problemática en lo que hace a la relación entre subjetividad, medios y política. Porque el discurso político, con sus términos y símbolos clásicos, queda desfasado respecto de esa otra articulación. Por eso, el héroe mediático es (Alfredo) De Angeli y no (Eduardo) Buzzi.
¿Son figuras que se contraponen en algún sentido?

—No son contradictorios, sino momentos distintos de una despolitización muy extendida socialmente. Pero también por eso, resulta más estremecedor Buzzi que De Angeli, al enlazar esa situación de desapego respecto de la política y primacía de los intereses inmediatos con discurso político en el sentido más fuerte. Eso lo puede hacer porque los símbolos flotan sin arraigo, circulan como monedas de cambio social. Quizá la mediatización es esa ausencia de arraigo y la sustitución de la escena de producción social de articulaciones por una escena espectacular de enlaces y difusión de símbolos. El poder enorme que tienen los medios es correlativo a la impotencia de otros territorios.
Para pensar la comunicación política por parte del Gobierno: ¿qué tipo de argumentación primó y a qué tipo de imágenes se confió la movilización?

—El Gobierno ha sido débil en el plano de la comunicación política y también en el de la reflexión cultural. Porque ante una situación notoriamente nueva y con lógicas comunicacionales inéditas, respondió con el arcón de los recuerdos. De un modo raro, y por momentos contradictorios, articuló la reposición de categorías antiguas —y también lo hizo gran parte de la sociedad, que leyó lo que sucedía como una pura reedición del pasado y activó las napas de racismo y exclusión heredadas—-, como las de pueblo y oligarquía, con una reivindicación ingenua de la tecnología. Me parece que estamos ante un Gobierno capaz de asumir distintos riesgos y de moverse en diversas situaciones, pero que no despliega los argumentos para hacerlo. Y que al difundir una interpretación forjada de un modo rígido no logró extender sus interpelaciones a aquellos que resultaban beneficiados por sus políticas.
¿Cómo vinculás esta imposibilidad de ampliar su interpelación y su confrontación con los medios?

—La estrategia comunicacional y cultural no puede desplegarse sin otro tipo de relación con los medios de comunicación, que a lo largo del conflicto demostraron una cerrazón sin igual a pensar las diferencias y transformaciones que se estaban operando en la escena. La condena mediática a las marchas como resultantes de un clientelismo anticiudadano, la mentira explícita respecto de las condiciones de esas movilizaciones, mostró que además de construir argumentos más precisos y símbolos más capaces de interpelar, es necesario una intervención más directa en el plano de la creación, apoyo y difusión de los medios públicos de comunicación. El tipo de interpretación que el Gobierno arrojó a la movilización puso un énfasis claro en la dimensión política de la vida pública. En ese sentido, la última movilización mostró un abanico de personas y grupos muy diversos, que acompañaban más el momento de politización como apertura o umbral. Mi impresión es que se veían las retenciones más como indicios de una política a desplegar que como algo ya evidente.
Al mismo tiempo, la politización de las retenciones como debate público fue algo que el Gobierno no planteó desde el principio sino en la medida en que se desarrolló el conflicto...

—El discurso del Gobierno fue variando durante el conflicto por las retenciones, y cuando llegó a la enunciación de que había que situar en la agenda democrática el tema de los recursos económicos y su distribución fue acompañado por muchas personas y también sancionado por muchas otras. Creo que la última plaza, la del Congreso, fue algo distinta de las anteriores, porque las “plazas de Mayo” estuvieron signadas por la necesidad de defender a un gobierno electo democráticamente y a su soberanía para definir políticas, mientras que la plaza del 15 de julio estaba recorrida por un ánimo alegre, el de la comunión callejera en relación con algo que está más en el futuro que en el presente. Para decirlo rápido, me pareció una movilización menos defensiva, pero combinada con una articulación política gubernamental de gran fragilidad, como se vio al día siguiente en el Senado.
Una de las cuestiones más discutidas fue la figura de Cristina. Muchas de las críticas —por ejemplo: que es soberbia y pedagógica— tienen que ver con cómo habla. ¿Qué uso del lenguaje ves en ella? ¿Qué tipo de retórica es la que genera una irritación masiva?

—La Presidenta es un personaje extraño para la vida social contemporánea. ¿Qué es lo que irrita en la Presidenta? ¿A qué se llama soberbia? Esas son quizá las preguntas más difíciles de responder, porque lo que se dice ante esa pregunta es por lo menos superficial: el cuidado de la imagen, la gestualidad, la vocación explicativa. Por sí solos, esos rasgos no deberían resultar motivo último de condena. Porque efectivamente hay una pedagogía en juego pero en una sociedad que no desdeña otras pedagogías y que ha hecho, durante mucho tiempo, de sus ámbitos educativos y sus figuras docentes la reserva moral. O que ha sostenido la pedagogía del periodismo conservador o los ademanes explicativos de un Grondona. Y no quiero decir que el estilo no sea fundamental y que esos rasgos no sean indicios de una sensibilidad que puede resultarnos ajena. Lo extraño es que en los ademanes y en la elección de ropa está más cerca de los habitantes de los barrios que la aborrecen que de muchos de quienes la acompañan. Creo, entonces, que moviliza otra cosa, que deviene en odio. Y lo que moviliza ocurre en el orden del discurso: ocurre como argumentación. La Presidenta argumenta en una sociedad que prefiere la gestualidad inmediata de un De Angeli que los argumentos del debate político. Como si el balbuceo mediático hubiera producido el formato con el cual es legítimo hablar políticamente. Y que la violación a ese registro sólo puede indicar que quien habla usa la lengua como mascarada. Es la idea de retórica como mentira o manipulación llevada al extremo. El otro día, en una sala de espera de un consultorio en el que sólo había mujeres, entre las muchas críticas que escuché sobre la Presidenta, la más sorprendente era una comparación con Isabel Perón: a favor de Isabel, porque “ésta (por Cristina) es peor, porque es inteligente”. Cuando la Presidenta habla y argumenta, además, lo hace enunciándose como mujer política y eso significa contrarrestar —o quedar avasallada por— la enorme deslegitimación de la política. Es más creíble un empresario, aun haciendo política, porque sus intereses son más inmediatos y explícitos, que el político (o la política en este caso) puro, que es más bien una encarnación de lo que debe condenarse.
¿Por qué creés que las alianzas del Gobierno fueron insuficientes a la hora de ganar el debate público?

—El debate se convirtió, bastante rápido, en una escena de disputa por cómo se construía política. Los sectores progresistas de la oposición partieron de una hipótesis no desdeñable: presionar para llegar a una instancia de consenso y de discusión, más que el acuerdo sin más, con una medida con la que podían acordar. Pero tal como se terminó resolviendo la votación en Diputados, cuando ya el oficialismo había aceptado varios de los cambios propuestos, demostró una crispación inédita y una por lo menos mezquina capacidad de distinguir los trazos fundamentales de la escena. Pienso ahí en el momento en que se sube a mil quinientas toneladas el límite sobre el cual se pagan retenciones, y el diputado Lozano habla con la Federación Agraria y transmite que ahora la condición es la subida a tres mil toneladas. ¿Qué significa ese trastrocamiento, en medio de la negociación, si no es la afirmación de una vocación renuente al consenso y a la articulación política? Las alianzas previas del Gobierno, en parte, se agotaron por una dinámica que no pudo reconocer el oficialismo, y que es el carácter local de los conflictos políticos. Podía disputar, dentro de la ciudad, las grandes imágenes y símbolos de la movilización, pero no resolver los dilemas de un diputado o senador cuya legitimidad proviene del poder o la conflictividad local.
Hablás de un triunfo de la operación destituyente. ¿Qué es lo destituido? ¿Cómo creés que reorganiza la gobernabilidad?

—Más que una operación se trata de la activación por distintos ademanes, discursos, actos, de un clima, en el que se desinviste de legitimidad y autoridad a los poderes públicos. En el que mientras más atribuciones simbólicas o más disposiciones culturales o presencia política tenga alguien, más se convierte en blanco de la sospecha y el ataque. Esto ocurrió con la investidura presidencial: era el lugar más frágil precisamente por ser el más investido. Lo destituyente consistió, creo, en separar poder de mando y capacidad de intervención sobre la trama social respecto del lugar simbólico de la presidencia. Es una suerte de reconocimiento del neoliberalismo en su sentido más profundo, como funcionamiento de la vida social. La política pública aparece como obstáculo para ese funcionamiento. Quizá significó el triunfo, lo que ocurrió en estos meses de lockout y en el Senado, de una gobernabilidad sustentada sobre el acuerdo de los poderes sociales. Y no quiero decir con esto que el kirchnerismo ha sido una épica de los oprimidos contra los poderosos. Más bien ha combinado estrategias confrontativas con conciliaciones bastante difíciles de presentar públicamente junto con la retórica de lo popular, pero sí estaba habitado por contradicciones, por tensiones, o desperdigaba indicios de otro intento de gobernabilidad. La imposibilidad de legislar las retenciones móviles puede acorralarlo hacia un más férreo acuerdismo. Tiene otras posibilidades, que analistas y periodistas han señalado en estos días, que pasarían por expandir el mapa de las alianzas, generar una dinámica gubernamental que pueda ser explicitada permanentemente con las categorías que la contemporaneidad merece y plantearse estrategias de efectiva constitución de lo público y de revisión de lo estatal. Es lo que podemos desear, no sé si lo que puede ocurrir.
¿Cómo queda planteado el escenario para el proyecto de ley de radiodifusión?

—El proyecto de ley de medios resulta fundamental en este contexto, porque repondrá al Gobierno en una situación de profunda conflictividad y sin mayoría parlamentaria que se pueda descontar. ¿Tomará ese riesgo o se abocará a temas menos conflictivos para una opinión pública formateada por los medios? Hay una diferencia con las retenciones, y es que el proyecto fue discutido por distintos grupos sociales, periodistas, universidades, empresarios, antes de su diseño final. La nueva ley de medios es necesaria y hasta urgente como regulación, pero no hay que suponer que va a modificar los modos de producir interpretaciones y distribuir símbolos en la sociedad argentina. Por eso, no habría que confundir su necesaria sanción con otra necesidad: la de desplegar estrategias comunicacionales y culturales, que supongan interpretaciones acuñadas con precisión y una fuerza mítica de interpelación.

Lo que no sabíamos

sábado, 26 de julio de 2008

Proyecto Sur: Así no seguimos

Por Alberto J. Lapolla, Ana T. Lorenzo, Marcelo Arbit, siguen las firmas. *

Con dolor comunicamos al conjunto de nuestros compañeros de Proyecto Sur que así no seguimos. En agosto de 2007 contribuimos a crear este espacio como un intento de reconstrucción democrática y plural del campo nacional, popular, antiimperialista y latinoamericanista. Al inicio de la crisis agropecuaria, incidimos positivamente en una posición correcta de Proyecto Sur en el tema que, entre otras anteriores, se plasmó en la declaración consensuada del 17 de mayo. En ella se denunciaba al salvaje lockout agrario, a las grandes empresas exportadoras multinacionales, a los pools de siembra y sus arrendatarios, a los grandes terratenientes nativos y extranjeros. Se criticaba el proceso de sojización, la concentración de la propiedad, el trabajo en negro de los peones, la pérdida de chacareros y de productores pequeños. Se advertían los intentos desestabilizadores, tanto externos como internos, y se recordaba el nefasto papel cumplido por la SRA y CRA en todas las dictaduras. Hacíamos explícito también la necesidad de debatir democráticamente un Plan Nacional Agropecuario. Sin embargo, continuando el conflicto, la “mesa nacional” de Proyecto Sur, negando decisiones de varios distritos en contra del lockout y la desestabilización, se negó reiteradamente a aceptar que había en marcha un fuerte proceso de desestabilización política y de condicionamiento económico motorizado alrededor del conflicto desatado por la oligarquía terrateniente y sus socios, acompañados esta vez por las clases medias rurales y urbanas, los medios de comunicación, los partidos de la izquierda colonial y los políticos de derecha. (Ver solicitadas en PáginaI 12 del 25-06 y 16-07-08 y artículos en PáginaI12 del 12-07 y del 25-7-08.) Esto objetivamente colocaba a Proyecto Sur en una complicidad con el bloque reaccionario.

Fue imposible convencerlos de participar o apoyar, desde una posición independiente, alguna de las marchas donde convergimos los sectores populares en respaldo del gobierno legítimo contra el golpismo y los privilegios de los de siempre. A esos actos concurrimos espontáneamente muchos compañeros de Proyecto Sur, guiados por nuestra conciencia. Lo hicimos diferenciándonos, por supuesto, porque no somos kirchneristas; pero muchos de nosotros, cuando defendimos a Raúl Alfonsín en Semana Santa tampoco éramos alfonsinistas; pero entendíamos –al igual que ahora– que se trataba del destino de la nación y del respeto a la voluntad popular.

Si Proyecto Sur se hubiera posicionado en una actitud de respaldo al Gobierno, sin ocultar críticas ni diferencias, se hubiera llenado de prestigio, habría mostrado grandeza patriótica y habría ganado el respeto de la militancia e, incluso, de la izquierda kirchnerista. Sólo se necesitaba claridad de análisis, generosidad y amor a la patria y al pueblo. En lugar de ello, Proyecto Sur eligió criticar acerbamente al Gobierno –ignorando todas las concesiones realizadas por éste a la Federación Agraria–, desconocer el lockout y el desabastecimiento y colocarse en la vereda de enfrente. Peor aún: quienes invitamos en forma personal y colectiva a participar de las manifestaciones, pero sin utilizar el nombre de Proyecto Sur, fuimos duramente cuestionados por la “mesa nacional”.

¿Cómo es posible que, cuando en la nación se desata un lockout patronal de cuatro meses, con todos los medios de comunicación del poder económico transmitiendo en cadena, con acciones simultáneas de desestabilización en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, no se vea la mano del Imperio detrás? ¿O se cree que Thomas Shannon vino cinco veces a la Argentina, que Luciano Miguens viajó a los Estados Unidos, o que Duhalde se entrevistó con Uribe con fines de intercambio cultural? ¿Acaso la puesta en movimiento de la Cuarta Flota Imperial se destinará para fines turísticos? ¿No era atendible la razón desestabilizadora, cuando el propio comandante Hugo Chávez señalaba que “lo que está ocurriendo en Argentina es lo mismo que ha pasado en Venezuela, cuando se produjo el golpe de Estado”? ¿Es que Chávez miente o está siendo operado? ¿O se cree que la SRA, CRA y Carbap, integradas por funcionarios de todas las dictaduras, cómplices directos y beneficiarios del genocidio, sólo defienden los “intereses del campo”? ¿Cómo no se advierte que este nuevo y poderoso bloque está ahora posibilitado de condicionar cualquier medida, por tibia que sea, que afecte esos intereses?

La culminación de este proceso de abandono de las posturas iniciales de Proyecto Sur se produjo mediante el voto vergonzoso de Claudio Lozano, el único diputado nacional electo en nuestra representación. Votó en contra del proyecto de retenciones móviles y diferenciales, al que había apoyado en marzo cuando no incluía ninguna de las mejoras que la Federación Agraria reclamó. Mejoras obtenidas y que premiaban a los pequeños y medianos terratenientes pampeanos. Lozano intentó justificar su voto negativo con argumentos absurdos. Si las retenciones se cobran mal o se evaden, la solución no es eliminar las retenciones garantizando de esa manera la gigantesca ganancia del complejo oligárquico-sojero, sino corregirlas y hacer eficiente su cobranza.

La correcta denuncia de negociados era perfectamente compatible con un voto afirmativo hacia el único proyecto de retenciones móviles que estaba en discusión. Resulta inconcebible que se afirme que, “como el kirchnerismo no aceptó nuestro proyecto votamos en contra”, confirmando el refrán tradicional respecto de que lo mejor es enemigo de lo bueno. Urquía, Reutemann, Romero y demás sojeros deben estar felices con el nuevo compañero de ruta.

Finalmente en su nombre Lozano terminó perjudicando a los pequeños y medianos productores sojeros a quienes decía defender que ahora no dispondrán de ninguna compensación. Lozano completó su lamentable rol a favor del bloque reaccionario asesorando a los senadores fueguinos para que cambiaran su voto, ayudando así a la SRA, a Duhalde, Bergoglio, Nosiglia, Macri, Menem, Reutemann, Romero, Barrionuevo, Carrió y Cobos, a voltear el proyecto oficial, consumando una parte del golpe destituyente. Por ello, resulta insólita la defensa a ultranza de ese voto que realiza hoy la “conducción” de Proyecto Sur. Su lamentable papel colocó a nuestra incipiente fuerza al lado de los sectores más reaccionarios del país. Cuando la situación política se polariza de tal manera, no hay lugar para neutralidad o medias tintas.

De esta manera, no seguimos en Proyecto Sur, pero ninguno de nosotros se retira a su casa a meditar. Por el contrario, nuestro compromiso militante y político con la causa del pueblo y de la patria es más alto que nunca, como lo hemos demostrado en estos días de profundo ataque de la derecha, donde por todos los medios a nuestro alcance hemos trabajado en función de denunciar los planes golpistas, de movilizar y de ayudar a la unidad de las fuerzas populares. La situación del país es grave, la derecha ha conseguido su más importante victoria después del gran triunfo popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 e irá por más. De allí que creemos necesario construir colectiva, democrática y pluralmente el espacio que Proyecto Sur se negó a realizar.

Los campos han quedado nítidos. De un lado, están la derecha y sus lacayos. Del otro lado, se encuentra un conglomerado enorme de grupos y organizaciones, cuya mayor debilidad es la falta de unidad y organización. Queremos ayudar a concretar un poderoso movimiento social, cultural, político, transformador que alumbre una nueva etapa del movimiento de liberación nacional y social del pueblo argentino. Movimiento que se debe basar en la actualización de las banderas históricas del pueblo argentino: una patria justa, libre y soberana con una profunda democracia participativa y una fuerte distribución de la riqueza que elimine el hambre, la indigencia y la pobreza de nuestro suelo, recuperando para el Estado nacional las palancas principales de la economía, nuestros recursos naturales y estratégicos. Llamamos a los compañeros y compañeras de Proyecto Sur y de otras organizaciones populares que compartan estos anhelos a construir una herramienta representativa, plural, de unidad en la diversidad para continuar la gran patriada.

* Ignacio Nacho Ivancich, Fanny Martín, Jorge Paolini, Gabriel Rubinstein, Oscar Oriolo, Angel Aloatti, Nicolás Codesido, Juliana González, Guillermo Gómez, Compañeros Para la Liberación, 19 y 20 de diciembre en Proyecto Sur, siguen las firmas.

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